Bichos en tu barriga te hacen recuperar el peso perdido luego de una dieta.
Esto fue lo que descubrieron investigadores del Weizmann Institute of Science, tal como lo reportan en su artículo publicado en noviembre de 2016 la revista Nature (una de las más importantes a nivel científico).
Obviamente ellos no los han llamado «bichos», y no sólo se encuentran en tu barriga…
Estos animalitos están de hecho en tu estómago y también en tus intestinos, y de cariño los llamamos «flora intestinal».
Se trata de millones y millones de bacterias amigables que juegan un rol importantísimo en tu salud.
Cuando estas comunidades de bacterias están equilibradas (en las cantidades correctas y los tipos correctos) todo va bien. Gozas de buena salud, tu sistema inmune funciona como debe ser, tu cuerpo es capaz de regular tu peso y tú te encuentras con buen estado de ánimo.
Pero cuando la comunidad de bichitos anda mal…
Es la catástrofe.
Estilo Walking Dead. O peor.
Este tema de la flora intestinal se viene estudiando cada vez más en los últimos años porque se sigue descubriendo que su papel en nuestra salud es demasiado decisivo e importante.
Un problema «íntimo» que explica el efecto yoyo
Luego de perder peso con una dieta, el 85% de las personas se frustran al darse cuenta que, unos meses después, han recuperado todo el peso perdido.
De hecho, lo han recuperado todo, y un poco más. 20% más para ser exactos.
Lo peor de todo es que, mientras que durante la dieta han perdido una mezcla de grasa y de músculo, ese peso que se recupera es principalmente grasa. Así que su porcentaje de grasa corporal es mayor, y eso lleva a un riesgo aumentado de sufrir el síndrome metabólico: diabetes, hígado graso, hipertensión, y hasta cáncer.
Además, te ves horrible en el espejo.
Lo que encontraron estos investigadores israelíes es que los microbios intestinales juegan un rol súper importante al exacerbar la ganancia de peso post-dieta. Y esto indicaría que, manipulando de cierta forma la flora intestinal, se podría evitar el fenómeno odioso del efecto yoyo.
Microbiota con memoria de obesidad
En el estudio[note]Christoph A. Thaiss, Shlomik Itav, Daphna Rothschild, Mariska Meijer, Maayan Levy, Claudia Moresi, Lenka Dohnalová, Sofia Braverman, Shachar Rozin, Sergey Malitsky, Mally Dori-Bachash, Yael Kuperman, Inbal Biton, Arieh Gertler, Alon Harmelin, Hagit Shapiro, Zamir Halpern, Asaph Aharoni, Eran Segal, Eran Elinav. Persistent microbiome alterations modulate the rate of post-dieting weight regain. Nature, 2016 http://dx.doi.org/10.1038/nature20796[/note], se observó lo que ocurría con ratones a los que ponían a dieta por un tiempo para que perdieran peso, y luego los dejaban comer normal.
Pasaba que, luego de terminar la dieta, todos los sistemas corporales de los ratoncitos (ahora delgados) estaban normales otra vez – excepto la microbiota.
Incluso 6 meses después de haber dejado la dieta, la microbiota de los ratones que habían perdido peso era una microbiota anormal, correspondiente a la de un ratón obeso.
De hecho, los investigadores hicieron varias pruebas:
- Le dieron antibióticos a los ratones, y no hubo la recuperación exagerada del peso
- Agarraron microbios del intestino de los ratones ex-obesos y los pasaron al intestino de ratones especiales que no tienen microbios propios, y estos engordaron
- Hicieron lo mismo pero pasando microbios del intestino de ratones sin historial de obesidad, y los ratones delgados no engordaron
Era obvio que las bacterias intestinales de los ratones con un historial de obesidad hacen de las suyas.
Según los investigadores, la microbiota tiene una cierta «memoria» de la obesidad, y parece no olvidarla para nada, incluso si el individuo ya no es obeso.
Y, por culpa de eso, se acelera la ganancia del peso.
Por qué la microbiota de obeso hace engordar
Lo que hicieron a continuación fue estudiar con detalle cuál era la diferencia entre la microbiota «obesa» y la microbiota «normal», y pudieron identificar algo súper interesante.
Resulta que la microbiota obesa degrada de forma muy rápida dos moléculas especiales, unos antioxidantes de la familia de los flavonoides. Los científicos encontraron que, en condiciones normales, estos dos flavonoides promueven el gasto energético durante el metabolismo de las grasas.
Cuando ocurre el efecto yoyo los niveles de estos flavonoides están bajos, y eso evita que se libere energía de la grasa almacenada, haciendo que los ratones acumulen un exceso de grasa cuando vuelven a su dieta normal.
[bctt tweet=»La microbiota intestinal tiene memoria de la #obesidad y puede producir #efectoyoyo»]
¿Qué pasaría entonces si cambiamos esa microbiota defectuosa con memoria de obesidad?
A los científicos se les ocurrió implantar en los ratones ex-obesos microbiota de ratones que nunca habían sido obesos. Y nada más con eso los ratones ex-obesos no sufrieron el efecto yoyo.
Quizás en este punto te estás preguntando si se puede hacer lo mismo en el caso de una persona…
Y la respuesta quizás no te guste.
Porque sí se puede. Pero esa implantación de microbiota se hace extrayendo materia fecal[note]Imagen: Microbiota intestinal en una muestra de heces (Scimat Scimat / Getty)[/note] de un ratón y poniéndosela al otro en el intestino.
Not a nice image.
Este procedimiento sí se lleva a cabo en humanos, pero a nivel médico y más que todo con motivos curativos. No para evitar que alguien engorde luego de haber adelgazado con una dieta…
Pero don’t worry porque hay una forma mucho más sencilla de resolver este problema, y es la segunda solución que ofrecen los investigadores de este estudio.
Aumentar la cantidad de flavonoides
En su estudio lo hicieron con suplementación. Agregando los flavonoides faltantes en el agua de los ratoncitos por un tiempo observaron que no hubo ganancia de peso.
Ellos lo llamaron «postbióticos», y yo creo que es una excelente idea 🙂
De hecho, estoy convencida que se puede hacer tranquilamente de una forma más natural, con alimentos.
[bctt tweet=»28 alimentos ricos en #flavonoides que evitan el #efectoyoyo»]
Incluso si quizás al inicio la microbiota degrade estos flavonoides muy rápidamente, al comer los alimentos correctos de ahora en adelante la flora intestinal se irá rebalanceando poco a poco, hasta volver a sus valores normales: los valores de una persona que está sana y sin sobrepeso.
Los alimentos correctos te darán una mezcla perfecta de prebióticos, probióticos y postbióticos, para que los bichitos dentro de tu barriga estén felices y contentos. Y tú también 😉
Estos son los alimentos ricos en flavonoides (fuente):
Cebolla | Durazno o melocotón | Melón |
Manzana | Pera | Lechuga |
Lechuga romana | Fresas | Toronja o pomelo |
Tomate | Perejil | Limón |
Garbanzos | Pimientos | Cerezas |
Almendras | Celery o apio | Repollo o col |
Patata dulce | Naranja | Mirtillas |
Quinoa | Sandía | Ciruelas |
Banana | Chile | Frambuesas |
Arándanos |
También el té verde y el té negro son muy ricos en flavonoides, al igual que el chocolate negro u oscuro, con un mínimo de 70% de cacao.
Y toooooooooodoso estos alimentos son riquísimos y te ayudarán a perder peso sin recuperarlo (¡sí, incluso el chocolate negro ayuda a adelgazar!).
Estos son alimentos que deberías estar consumiendo a diario. Y mientras más variados, mejor.
Si te surgen dudas sobre cómo incluirlos en las cantidades y momentos correctos, yo puedo ayudarte en adiosefectoyoyo.com.
¿Cuáles alimentos ricos en flavonoides son tus favoritos?
¿Ya los incluyes en tus comidas a diario? ¿Cuáles te faltan y podrías incluir de ahora en adelante?
Que interesante Maricarmen gracias es excelente saber esto.
Me alegra que te haya gustado Dora 🙂
Maricarmen. Cómo estás? Sigo leyéndote y aprendiendo. Tengo una duda: tiene que ver con este tema los probioticos
Querida Silvia! Me alegra saber que estás pendiente, mil gracias 🙂 <3
El tema sí está relacionado con los probióticos. La diferencia acá es que los probióticos son cepas específicas, mientras que en este caso hablamos de la macrobiota completa. El ambiente completo mejora con una alimentación rica en los alimentos señalados, y en otros que también puedan contener probióticos y prebióticos (estos últimos presentes en la fibra, que igual la tienes en frutas y verduras).