No me gusta amamantar

Por Maricarmen Grisolía | Vivir sano y feliz

Ago 09
no me gusta amamantar

Siempre leo comentarios de mujeres que escriben lo muuuuuucho que les gusta amamantar, que les encanta, que se enamoran de sus bebés, que AMAN dar el pecho.

Pues yo enamorada de mi bebé sí estoy, pero amar dar el pecho…. para nada.

A mí, personalmente, no me gusta amamantar. Se me hace incómodo.

Honestamente, preferiría no hacerlo. Si tuviera alguna forma de proveerle a mi bebé todo lo que sé que obtiene con la lactancia, pero sin tener que darle el pecho, lo haría.

“Pues usa un sacaleche y ya está” me van a decir.

Pero es que éste es el asunto: si voy a poner a un aparato plástico a que me hale los pezones por 20 minutos, sin poderme mover, y sin poder hacer básicamente nada más… ¡pues para eso lo hago con mi hija y ya está! Y así además paso un rato con ella, y la acaricio mientras se alimenta. Y tengo menos cosas que lavar y arreglar.

Es más práctico. ¿Me explico? Por eso lo hago.

Por eso, y porque sé que para ella no hay NADA mejor que la leche materna. NADA. Ni siquiera parecido.

La verdad es que me habría gustado saber esto antes.

Me han pasado muchísimas cosas con la lactancia y con mis tres hijos viví experiencias muy distintas. Y hoy, a propósito de la Semana Mundial de la Lactancia Materna que se celebró esta semana, he querido contar mi propia historia, porque siento que muchas podrán identificarse conmigo y quizás eso les pueda ayudar a llevar esto de la lactancia de una mejor manera.

Para muchas madres #amamantar no es cuento de hadas #smlm Clic para tuitear

Primer intento

Fue hace ya casi 20 años.

Tuve a Leo por cesárea programada, por una supuesta estrechez de pelvis que ahora creo que sólo existía en la mente de mi ginecólogo (a quien aprecio mucho, la verdad, pero es que allá en Venezuela la cesárea es la norma). Yo la verdad no quería hacerme cesárea, no me gustó nadita cuando el médico me dijo que teníamos que hacerla.

Con mi primer bebé (la foto la tomó mi hermana para un proyecto de la universidad, cuando era estudiante de Diseño Gráfico)

Con mi primer bebé (la foto la tomó mi hermana para un proyecto de la universidad, cuando era estudiante de Diseño Gráfico)

En ese momento yo tenía apenas 19 años, y la razón por la que no quería la cesárea es porque no quería imponerle una fecha de nacimiento al bebé. Nada de cuestiones morales, o siquiera de asumir lo que significa pasar por una cirugía. En ese momento yo no pensaba en nada de esas cosas, no tenía ni el conocimiento ni la madurez. Lo único que yo quería era que mi bebé naciera cuando él quisiera.

Pero tuve que ponerle fecha (mi mamá me ayudó).

Y bueno, la cesárea salió muy bien y todo lo demás, sin ninguna complicación.

En el momento vi como pasaban a mi bebé a mi lado para llevarlo a una mesa para limpiarlo, e inmediatamente después me durmieron. Cuando me desperté ya estaba en la habitación, y no vi a mi bebé sino hasta el día siguiente.

La única información que tuve sobre la lactancia vino de parte de mi ginecólogo, que me dijo que cuidara mucho los momentos en que le daba pecho al bebé. Que lo hiciera estando de preferencia sola, en calma, sin ajetreos ni ruidos. Que debía ser un momento especial entre mi bebé y yo.

No recuerdo que nadie más me haya dicho nunca nada más sobre la lactancia en aquel momento.

Y bueno, yo empecé a intentar ponerme a mi bebé a mamar desde el momento en que me lo dieron en la clínica. Me acuerdo que me explicaron que la leche iba a tardar un poco más en subir porque la cesárea no desencadenaba las hormonas necesarias para eso, que todo era más lento.

Y también me acuerdo en la clínica cuando me desperté el tercer día, y fui al baño a orinar…

Me paré un momento frente al espejo y no podía creer lo que estaba viendo. Mis senos eran ENORMES. Por primera vez en mi vida tenía senos enormes. De verdad no lo podía creer, al punto que me los toqué con el dedo a ver si era de verdad.

Yo estaba feliz con mis senos enormes (te imaginarás, yo era una copa A, y midiendo 1.68… básicamente era plancha).

Y recuerdo también que me sorprendía la cantidad de leche que me salía.

Las noches me tenía que envolver literalmente en una toalla de baño para no mojar toda la cama. Y cuando le daba el pecho al bebé, me recogía la leche que goteaba del otro seno. Llegaba a recoger hasta 30 ml!! A mí se me hacía un montón.

Yo no sé cuánto tiempo estuve así, pero todo parecía ir muy bien hasta que un día nos dimos cuenta que el bebé estaba muy amarillo.

Lo llevamos a consulta con la neonatóloga/pediatra y le diagnosticaron ictericia. La recomendación fue que parara la leche materna por 3 semanas y le diera tetero de fórmula mientras tanto.

Y bueno, eso fue lo que yo hice. En aquel momento yo no sabía nada de nada, sólo hacía lo que me decían los médicos. De hecho, es lo que uno debería hacer ¿no?

Y traté de sacarme la leche con un sacaleche manual. Pero era un desastre. Me dolía muchísimo. Me maltrataba los senos enormemente tratando de exprimirme el montón de leche que yo sabía que tenía, y la iba guardando en la nevera sin ningún método de almacenamiento especial. La inexperiencia y la ignorancia personificadas en mí, una niña-mamá de 19 años con las mejores intenciones pero perdida en el espacio.

Y si me preguntas dónde estaba mi mamá en aquel entonces… pues estaba ahí, medio ayudándome con lo que podía, al tiempo que luchaba ya con el cáncer de pulmón que se la llevó año y medio más tarde. Y mi suegra era muy respetuosa como para meterse en esas cosas. O al menos es lo que yo recuerdo.

El caso es que, por supuesto, se me secó la leche. Y cuando a mi niño se le pasó la ictericia ya yo no tenía más.

Hasta ahí llegó mi primer intento de lactancia materna.

Segundo intento

El segundo intento no vino sino hasta 16 años después, con el nacimiento de Marian.

Con Leo y su hermanita que acababa de nacer

Con Leo y su hermanita que acababa de nacer

Ahora, déjame ponerte un poco de contexto.

El nacimiento de Marian implicó una carga emocional gigantesca para mí.

Primero que nada, intentamos quedar embarazados por 7 años (sí, 7 años), y finalmente concebimos a Marian por inseminación artificial, ya instalados acá en Francia.

Sólo quienes han pasado por un tratamiento de fertilidad pueden saber lo emocionalmente intenso que es, y lo que significa el nacimiento de un bebé que viene de ese tratamiento, que usualmente es el cierre de años y años de intentos fallidos. Embarga una felicidad inmensa, pero a la vez la condensación de años de frustraciones y sufrimiento que se liberan en el preciso instante en que te das cuenta que, al fin, tienes a tu bebé en tus brazos.

Además, yo estaba sola. Mi hermana pudo venir al día siguiente que nació Marian, y se quedó durante dos días. Yo no había salido del hospital cuando ella tuvo que irse.

Mi suegra vino desde Venezuela a quedarse un mes con nosotros. Fue una ayuda increíble y le voy a estar siempre agradecida, pero yo igual necesité mucho de tener aquí a mi familia más cercana. Una mamá que ya no estaba en este mundo. Un papá que no pudo venir porque el cáncer lo estaba atacando. Mis hermanos, mis tíos, mi abuela… todos a un oceano de distancia. Y yo una exiliada en un país al que le agradezco habernos acogido y habernos ayudado a tener a Marian, pero que no es nuestro pais, no habla nuestro idioma, no produce nuestra comida, y no canta nuestras canciones.

Con toda esa carga, que ya estaba transformada en depresión desde hacía meses (incluso antes del embarazo), arranqué mi segundo intento de lactancia materna.

El dolor en los senos no era normal. Yo honestamente no recordaba que me haya dolido tanto la primera vez, quizás fue porque duró muy poco.

Pero esta vez es que simplemente no lo soportaba.

Cada vez que le daba pecho a Marian se me salían las lágrimas del dolor. Apretaba los dientes muy fuerte para poder aguantar.

Y lo peor, lo peor, es que ella tomaba cada dos horas, de los dos senos. Yo no tenía descanso.

Ella era una bebé muy pequeñita, nació pesando 2.650 kg y medía 49 cm. Tenía el tamaño de un bebé prematuro, aunque no lo era. Pero aún así tenía que hacer tomas muy frecuentes.

Además, no paraba de llorar. Pasábamos las noches más difíciles del mundo. La bebé lloraba permanentemente, la única forma de medio calmarla era poniéndomela al pecho. Y entonces lloraba yo, por el dolor.

Y lloraba porque estaba sola, y triste. Me sentía desesperada, sin ayuda, sin saber qué hacer para no sentirme tan mal. Me sentía responsable de lo que estaba pasando, que no era buena madre, que mi leche no era suficiente, y que mi depresión afectaba a mi bebé.

La bebé no ganaba el peso que tenía que ganar en los primeros días. Era tan pequeñita que probablemente no tenía fuerza suficiente para chupar. Yo me la ponía al seno, cerraba los ojos, apretaba los dientes, y me aguantaba mi dolor mientras ella mamaba. Sentía que se me vaciaba el pecho, y ella se quedaba dormida. Pero a la hora comenzaba otra vez el calvario.

Y así, cada día y cada noche.

Unos 10 días después del nacimiento de Marian me llamó mi hermana muy temprano en la mañana, para decirme que estaba saliendo para el aeropuerto: se iba a Venezuela, papá estaba demasiado mal. “Pero ¿estás con Marian? No llores, por favor, no llores…”.

Y unos días después de eso, recibí la llamada más horrible de mi vida, esa que tenía días rogando por que no ocurriera: “Te llamo para que te despidas de papá”, me dijo mi hermana.

Tenía que darle pecho a Marian mientras que aguantaba tantísimo dolor, ya no sólo el de los pezones, sino el del corazón.

Fueron las semanas más duras que he vivido.

Revivir la muerte de mamá, porque no había manera de no pensar en eso. Haberme tenido que despedir de papá por teléfono, sin haber podido escuchar más su voz (ya él no tenía fuerzas para hablar). Recuerdo que escribí en la computadora lo que le iba a decir, y lo leí por el teléfono. De otra forma no habría podido sacar palabra. Hice mi mejor esfuerzo por no llorar, no quería que él me sintiera triste, quería que se fuera tranquilo sabiendo que su hija estaba bien y que era feliz.

Le siguieron varias semanas increíblemente dolorosas.

Yo tenía una depresión muy fuerte, pero como estaba amamantando no podía tomar ningún medicamento. Me la vivía atacada de miedos, no estaba tranquila ni un segundo. Tenía pensamientos horribles que me acechaban, me espantaban permanentemente, era como vivir en una película de terror.

Eventualmente me prescribieron algo para la ansiedad (gracias al cielo) y tenía que estar muy pendiente de tomarme la pastilla justo después de darle el pecho a Marian, y esperar 4 horas antes de volverle a dar.

A esas alturas ya las tomas se habían espaciado un poco, principalmente porque la puericulturista que venía a hacerle el seguimiento a Marian las primeras dos semanas terminó por decirnos que le completáramos con tetero de fórmula, ya que la bebé no estaba ganando el peso que debía, y con su bajo peso de nacimiento ya estaba entrando en riesgo.

Eso fue quizás como a la tercera semana de nacimiento, y desde que empezamos a darle el tetero todo fluyó muuuuuucho mejor. La bebé ya no lloraba permanentemente (lo cual nos bajó muchísimo los niveles de estrés y de fatiga), tomaba más espaciadamente (lo cual me permitió descansar mis adoloridos senos), y comenzó a aumentar el peso como debía ser (lo cual la sacó de riesgos).

De allí en adelante la lactancia se me facilitó mucho.

Ella tomaba el pecho, y luego le completábamos con 30 mL de tetero. Yo todavía la pasaba difícil por lo de papá, pero el resto de verdad que mejoró mucho. Traté de centrarme en estar bien para ella, en sonreirle, en decirle y demostrarle que la amaba muchísimo, que le estaba eternamente agradecida por haber venido a mi vida y que me había hecho inmensamente feliz.

Mantuve esta lactancia mixta por varios meses, hasta que comencé a trabajar, cuando Marian cumplió 6 meses (había pedido un permiso no remunerado por 3 meses para poder cuidarla hasta sus 6 meses).

Tenía un sacaleche eléctrico que alquilé desde comienzos de la lactancia (una GRAN ayuda al comienzo cuando tenía los pezones destrozados), y me lo llevaba al trabajo para sacarme la leche allá… pero honestamente me fue imposible. Tenía que encerrarme en el baño y tirarme allí en el piso mientras me extraía la leche, que salía a duras penas.

Así como pude alargué la cosa como dos semanas, pero ya después de verdad no quise seguirme sometiendo a la misma incomodidad.

¡Y ademas quería desesperadamente recuperar mis senos!

Me era sumamente incómodo tener los senos tan grandes (no lo había dicho, pero hace años me puse implantes). La ropa no me quedaba bien, y además simplemente quería recuperar mi cuerpo, ya tenía demasiados meses “en alquiler” para mi bebé, y quería volver a ser yo misma, mujer, recuperar mi intimidad personal.

Así que decidí dejarlo hasta ahí, más bien orgullosa de haber llegado tan lejos aún con todos los inconvenientes y con todo lo difícil que fue.

Tercer intento

Amélie nació el 23 de febrero (2015).

Mi familia, dos días después del nacimiento de Amélie

Mi familia, dos días después del nacimiento de Amélie

Hoy tiene 5 meses y pesa 6.520 kg, mide 67 cm, no podemos dejarla sola en la cama porque se da vueltas con una agilidad digna de un lince, y está a punto de sentarse sola.

Y a partir de este fin de semana le vamos a dar su primer puré de verduras. Hasta ahora se alimenta exclusivamente con leche materna.

Yo la veo y me da un orgullo enorme.

Me siento como si hubiera hecho una gran hazaña, y se me hace increíble que esté tan grande y tan bella sólo a punta de algo que mi propio cuerpo produce. Me parece realmente increíble, como un milagro.

Y luego pienso que de increíble no tiene nada, que es perfectamente normal, que así somos los humanos y las mamás estamos construidas así. Que es la cosa más natural y normal del mundo, nada de lo que maravillarse.

no me gusta amamantar leche materna

Uno de mis grandes logros, cuando pude manejar tan bien el proceso que hasta podía extraerme cantidades más que decentes de leche.

Pero es que el haber llagado a este punto con ella significó, también, mucho sacrificio de mi parte. Supongo que es de eso de lo que estoy orgullosa, de haber llegado aquí a pesar de lo duro que fue al comienzo.

Esta vez no tuve ni de cerca tanta carga emocional como cuando Marian, pero de todos modos el dolor en los senos no era normal.

Nada más pensar en que tocaba la hora de darle el pecho a Amélie me hacía sudar de ansiedad. Me dolía demasiado, de verdad. Le daba el pecho apretando los ojos, los dientes y las manos, aguantando el dolor.

Y de nada más pensar en que iba a tener que pasar así quién sabe cuántas semanas, como con Marian, me daba de todo.

Quería renunciar y dar el aliviador tetero y ya, pero seguía pensando en lo importante que era que mi bebé pudiera tomar leche materna.

Esta vez estaba muchísimo más informada, y más consciente de que no hay nada como la leche materna para la salud y el desarrollo del bebé.

Yo no sé por qué razón, pero en mi cabeza de pronto el tetero se había convertido en algo cercano a un veneno. Darle tetero a Amélie me parecía equivalente a darle azúcar pura, y si pensaba en hacerlo sentía que la estaba traicionando.

Así que me seguía aguantando el dolor, y seguía buscando ayuda.

Pasé varios días así, sufriendo físicamente cada vez que tocaba amamantar, y sufriendo emocionalmente cada vez que consideraba la posibilidad del tetero.

Eventualmente me comenzó una mastitis, y le pedí a mi matrona que me viniera a ver. Me recetó antiinflamatorios y analgésicos, me asistió poniéndome a la niña al pecho y dándome ánimos, y me dijo que sobre todo no me sintiera mal si eventualmente quería darle un tetero, que eso no tenía nada de malo, y que no leyera más páginas ni foros porque “hay demasiadas porquerías en Internet” (muy cierto, by the way).

La cosa es que yo buscaba algo que me excusara mi necesidad de recurrir al tetero. Porque estaba agotada, me dolían demasiado los senos, y me daba pavor tener que pasar así meses – como fue con Marian, con quien me dejó de doler la amamantada como a partir del tercer mes.

Esta vez yo NO quería volver a pasar por lo mismo.

La bebé tenía buen peso y estaba creciendo bien, pero lloraba y pedía el seno con demasiada frecuencia.

¿No se supone que tenía que darle de comer cada 4 horas y alternar los senos de una toma a otra?

Pues no, ella comía cada dos horas, y de los dos senos cada vez. ¿Cómo se supone que iba a descansar así? ¿cómo se supone que me iba a dejar de doler, que se me iban a curar los pezones maltratados, si cada dos horas me sometía otra vez al mismo martirio por espacio de 30 minutos de cada lado?

No tenía vida.

Así que, con mucho cansancio, dolor, y el apoyo de mi esposo, recurrimos al tetero.

Él fue y compró un pote de leche, y sanseacabó: un tetero para Amélie mientras yo me sacaba la leche con un sacaleche eléctrico que alquilamos por récipe de la matrona.

Y realmente fue un alivio.

Amélie dormía más en la noche, yo descansaba un poco más, y con el sacaleche y las pastillas el dolor fue pasando.

Cuatro días después darle el pecho a Amélie ya no era ni la mitad de doloroso. De hecho, es raro de explicar pero casi tenía un efecto anestésico.

Así que me fui recuperando, y en espacio de quizás dos o tres semanas ya pude seguir dando el pecho sin mayor problema. Las tomas seguían siendo cada dos o tres horas, y de ambos senos, pero esta vez ya no dolía prácticamente nada, así que no era traumático.

El tetero ya no hizo más falta, y no volvimos a comprar leche de fórmula.

Y, desde entonces, Amélie sólo se alimenta de mi pecho.

A la tercera va la vencida! He pasado muchas cosas con la #lactancia y a Amélie ha sido la única a la que he podido darle #lactanciamaternaexclusiva después de mucha lucha, sufrimiento, valentía y apoyo de mis seres queridos y de gente sabia que me ayudó en el proceso, los primeros meses cuando todo fue tan difícil. Me siento super orgullosa de haberlo superado y de hoy poder ir donde sea con mi bebé sin ese temor de "no tener suficiente leche" y de pensar que necesitaba tener un pote de leche a mano "por si acaso". Gracias a @verdelicious @modomama @carolina2378 y todas esas cuentas de mujeres sabias y amorosas que me ayudaron a mí y ayudan a muchas más. La #lactanciamaterna es EL MEJOR REGALO que le podemos dar a nuestros hijos, y todas las mamás deberían hacer el esfuerzo de intentar lograrlo, y buscar ayuda cuando lo necesiten. Mando un abrazo enorme a todas las mamás que me siguen y que como yo hicieron y/o hacen malabares para darle pecho a sus hijos, hoy #dialactancia y en honor a mi bella bebé que crece sana y feliz, y que no se pierde la posibilidad de salir en la foto 😂😂😂

Una foto publicada por Maricarmen Grisolía (@minuevadieta) el

Misión cumplida… ¿Y ahora?

El amenazador tetero terminó siendo parte importante en mi proyecto de lactancia exclusiva, y yo estoy feliz de que lo más difícil haya pasado. Pero ahora me enfrento a otro dilema: ¿cuándo destetar? ¿Hasta cuándo voy a seguir así?

Dar pecho no es algo que me agrade particularmente. Me parece fastidioso.

A veces estoy tranquila descansando o concentrada trabajando, y tengo que dejar lo que esté haciendo para dar el pecho.

Angel también ganó experiencia como papá y en este asunto de la lactancia y ahora ya no lo hace, pero al comienzo parecía que la bebé no podía decir ni ñe porque eso significaba que “quería pecho”…

… y ¿adivina quién es la única que puede darle pecho? Yo. Entonces es como una esclavitud total.

Además, es un fastidio tener los senos del tamaño de un planeta cada uno.

Ya sé que dije al comienzo que estuve feliz con mis senos grandes la primera vez, pero entonces no tenía prótesis, y ahora sí. Es diferente.

Tengo que alternar entre dos sostenes de lactancia, y detesto cuando se me sale leche y me moja la ropa. La poca ropa que me puedo poner, porque la mayoría no me queda. Tego camisitas con botones por delante que vendrían muy bien en esta época, pero que no me puedo poner porque los botones saldrían disparados de la presión.

Y, aquí entre nos, yo quisiera recuperar mi vida sexual.

Llámame anticuada o lo que sea, pero en mi cabeza no es compatible sexo con lactancia. Sé que hay muchas mujeres que no le paran a eso y que dicen que una cosa no tiene que ver con la otra. Habrá hasta quienes lo disfruten especialmente. Pero a mí simplemente no me da nota y no me veo sexy mientras estoy amamantando.

Además quisiera manejar mejor mi tiempo. No quisiera tener que depender tanto de los horarios de comida de Amélie. Quisiera más libertad, más autonomía, más volver a ser yo.

Así que, por tercera vez, me enfrento a la decisión de si destetar o no.

La verdad, aún no lo he decidido.

No hay nada como la leche materna (ni parecido)

Desde antes que naciera Amélie yo ya había decidido que optaría por la lactancia exclusiva (o al menos que lo iba a intentar) durante 6 meses. Esa era mi meta.

En una de las clases del curso prenatal la matrona preguntó a cada mamá que si habían pensado sobre qué método de alimentación iban a dar a sus bebés, y cuando yo dije que sería lactancia exclusiva me preguntó que por qué.

Y mi respuesta era clarísima: porque hay mil estudios que prueban que es lo mejor para el bebé y que no hay nada que se le parezca.

No porque amo amamantar. No porque me guste. Simplemente porque es lo mejor para el bebé.

Hay cualquier cantidad de estudios sobre los beneficios de la leche materna, pero cada vez más salen investigaciones que muestran claramente las diferencias entre la leche materna y la leche de fórmula, de manera que hoy día sabemos que no son equivalentes y que no importa cuán bien traten de hacer la fórmula, nunca, nunca, nunca se le acercará siquiera a la leche materna.

Por ejemplo, un estudio del 2013 publicado en la revista NeuroImage1 mostró las diferencias en el desarrollo cerebral de niños de cero a 3 años alimentados con leche materna, con fórmula, o con ambas (lactancia mixta). Usaron imágenes de resonancia magnética nuclear para evaluar el desarrollo cerebral, y encontraron que la lactancia exclusiva produce un mejor desarrollo del cerebro que la lactancia mixta, y ésta produce mejor desarrollo que el tetero solo.

Es decir que así sea un poco de leche materna va a ser mejor que nada, pero el 100% de leche materna es lo mejor de todo.

Los autores de este estudio comentaron que la diferencia en crecimiento de materia gris con leche materna exclusiva durante al menos los 3 primeros meses de vida es del 20 a 30% superior, una diferencia que es enorme.

Además de las imágenes de resonancia magnética, los autorees realizaron una serie de pruebas cognitivas a los niños participantes del estudio y encontraron que los niños que tomaban leche materna tenían mejor rendimiento en el lenguaje, la visión y el control motor.

De hecho, en este último aspecto, vieron que tenía mucha influencia el tiempo de la lactancia: mientras más largo (superior a un año), mayor desarrollo motor.

La lactancia prolongada también beneficia otros aspectos del desarrollo del bebé. En un estudio brasilero de este año, publicado en la revista The Lancet Global Health2 se encontró que la lactancia materna estaba asociada con beneficios en la vida adulta, como una mayor inteligencia, escolaridad prolongada, y hasta mayores ingresos (a la edad de 30 años), y que mientras más larga la lactancia (hasta 12 meses, que fue lo máximo que ellos midieron), mayor la magnitud de estos beneficios.

Es decir que el bebé que es amamantado desarrollará más rápidamente su cerebro de pequeñito, y además será un adulto más exitoso (si medimos el éxito por el nivel escolar y las ganancias).

La lactancia materna también protege de los agentes de polución ambiental – un factor de riesgo para la salud especialmente importante en las ciudades más pobladas e industrializadas. Un estudio también del 2015 publicado en la revista Environment International3 encontró que las partículas de contaminación ambiental y el dióxido de nitrógeno desaparecen durante los primeros 4 meses de vida en bebés amamantados.

Si te estás preguntando por qué un bebé va a nacer con esos contaminantes (como para que la lactancia se los elimine), la razón es que durante su desarrollo en el vientre el sistema nervioso del bebé apenas se está formando y no dispone de los mecanismos necesarios para desintoxicar, así que no puede eliminar las toxinas que se van acumulando por el intercambio con la mamá (las toxinas que nosotras como mamá absorbemos y le pasamos en gran parte al bebé, ya que la placenta no es capaz de filtrarlo todo).

Pues bueno, la lactancia materna hace que esas toxinas salgan del bebé en los primeros meses de vida, dándole la posibilidad de un comienzo libre de amenzadas a su desarrollo mental y motor.

Y si hablamos de los riesgos de obesidad, diabetes, enfermedad cardiovascular, y la salud en general, el aspecto más importante que se está develando muy recientemente como el principal factor de control en este sentido es la salud del sistema gastrointestinal, y, más espefícicamente, el equilibrio de la flora intestinal. Esos bichitos que tenemos dentro están demostrando que tienen TODO que ver con nuestro nivel de salud general, y con la posibilidad de desarrollar obesidad y diabetes – y de revertirlas.

Y advinia qué… se ha demostrado que el factor nutricional que tiene el mayor impacto en el desarrollo de la flora intestinal de un niño es si es o no amamantado.

En un estudio del 2014 publicado en la revista Applied and Environmental Microbiology4 los investigadores mostraron que la lactancia promueve el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino del bebé, y que éstas son necesarias para el desarrollo del sistema inmune del niño.

Los niños que son amamantados tendrán una menor incidencia de obesidad, alergias, diabetes y enfermedad del colon irritable cuando sean adultos.

Y estos son apenas unos poquitos estudios, nada más para que te des cuenta de la magnitud de este asunto, y que entiendas que la gente que promueve a capa y espada la lactancia materna no lo hace por moda o por necedad, ni tampoco por creerse superiores ni por hacer sentir mal a las mamás que no pudieron (o no quisieron) amamantar.

Lo hacen porque tienen esta información y saben lo importante que es para la salud de un niño, de una población entera, el privilegiar la lactancia exclusiva (o aunque sea la mixta), y quieren tumbar todas las barreras e impedimentos mentales, emocionales, culturales y económicos a los que se enfrentan las mamás a la hora de tomar la decisión de cómo alimentar a sus bebés.

Y es por eso que yo esta vez me he tomado tan a pecho esto de la lactancia exclusiva (“tan a pecho”, jejejeje).

Porque aunque no me guste, me fastidie, me canse, me incomode, me dé flojera y me esclavice, por el momento es simple y llanamente lo mejor que puedo hacer por Amélie.

¿O no haría una madre lo que es mejor para su hijo?

Yo entiendo los argumentos de las mamás que no quieren amamantar… pero ¿pensarían lo mismo si supieran todas estas cosas?

Además, ¿qué son unos meses de esclavitud e incomodidad a cambio de años de salud y bienestar para los hijos?

“With great power comes great responsibility”

Yo entiendo lo que quieran, pero somos adultos y decidimos traer nuevas vidas a este mundo.

Y si soy adulta para tomar una decisión tan trascendental como esa, entonces tengo que responsabilizarme por las consecuencias que eso trae.

¿Que me siento esclava de mi bebé? Pues debí pensarlo dos veces antes de decidir traerlo al mundo. Porque ahora ese ser depende enteramente de mí, al menos en sus primeros años de vida.

¿Para qué traer a un hijo a este mundo cruel si no estás dispuesta a sacrificar parte de tu vida para asegurarle un buen comienzo?

Un mes, 3 meses, 6 meses, 1 año, 2 años… no es NADA comparado con los años de madre y de mujer que te quedan por delante.

No, no me gusta amamantar y sí, sí es un sacrificio. Pero lo hago con todo el amor del mundo porque sé que es lo mejor para mi bebé.

Y no estoy resentida, ni con mi bebé, ni con las mujeres que promueven la lactancia materna, ni con el mundo.

Simplemente por el momento me pongo yo a un lado y pongo a mi bebé por delante de mí. Porque ella en este momento no tiene cómo hacerlo sola. Yo soy grande, ella no.

Cuando decidí ser madre asumí todas las responsabilidades que vienen con el título, aunque de la GRAN mayoría de ellas no tenía ni idea.

Ahora ya estoy allí y no hay marcha atrás, lo mejor que puedo hacer es poner todo de mi parte para hacerme a mí y a mis hijos la experiencia lo más positiva posible. Y amamantar es parte de esa tarea.

Mientras pasan los años más me doy cuenta de lo que significa ser madre, ser padres, y me doy cuenta a qué nivel eso le cambia a uno la vida.

Creo que si lo hubiera sabido, me lo habría pensado dos veces. No para decidir no hacerlo, sino para prepararme mejor.

Pero, al final, uno nunca está preparado para ser padre. Porque lo que se le viene encima a uno con los hijos simplemente es algo que no se puede prever, y es algo que no puedes aprender de experiencia ajena.

Cuando nació mi hijo, mi Tío Héctor me dijo algo que nunca olvidaré, porque son de las palabras más ciertas que me han dicho nunca:

Ahora sabes cuánto te quiere tu mamá.

O, como leí en un escrito hace unos días: Sólo siendo padres aprendemos a ser hijos.

Busca ayuda

Como ya comenté arriba, buscar ayuda fue para mí determinante en esta tercera experiencia con la lactancia materna. De no haberlo hecho, seguro que habría abandonado.

En gran parte la idea de este post es hacer consciencia a la gente de que necesitan ser apoyo para las nuevas (y no tan nuevas) mamás en su proyecto de lactancia.

Y para las mamás, que sepan que van a necesitar muchísima ayuda y apoyo, y que no deben dudar ni un segundo en buscarlo.

En un comunicado de prensa publicado en junio de 2015, la Dra. Kimi Suh, médico de familia del Loyola University Health System recomienda que las personas cercanas ayuden a las mamás de varias formas durante los primeros días luego del nacimiento del bebé:

  • Levantarse en la noche junto con la mamá (cuando ella va a dar pecho al bebé) para ver si puede ayudar en algo o simplemente hacerle compañía
  • Cambiar pañales
  • Mantener llena la botella de agua de la mamá
  • Prepararle a la mamá una comida o merienda que pueda comer mientras da el pecho
  • Hacer tareas de la casa, como lavar la ropa, limpiar o hacer las compras
  • Si hay otros niños, ayudar con ellos, mantenerlos ocupados y felices

Esta médico indica que el apoyo emocional es extremadamente importante para ayudar a una mamá a que tenga éxito con la lactancia.

Dice que, como la mamá es la única que puede proveer el alimento para el bebé, se siente responsable (como si fuera su culpa) cada vez que algo no va bien y el bebé llora. Se siente frustrada y siente que está haciendo algo mal, e incluso se siente presionada a abandonar la lactancia pensando que el problema es ella.

Yo me sentí así, y creo que todas las mamás que amamantan pasan por eso también.

De allí lo importante de buscar y recibir apoyo, de tener alguien que te diga que estás haciendo un gran trabajo, sobre todo en las primeras semanas cuando es todo tan doloroso, tan exigente, y tan difícil, y la opción del tetero es tan tentadora.

Yo entiendo que muchas mujeres quieran pensar que hicieron bien cuando eligieron dar tetero a sus bebés, por la razón que haya sido. Y yo no estoy aquí para juzgar a nadie.

Pero hay algo que es muy claro y que nadie puede refutar: el tetero NO es como la leche materna. No es equivalente ni igual de bueno. No lo es. Quien no le dé leche materna a su hijo debe saberlo, y evaluar bien las razones por las que no quiere dar leche materna, y sopesar si vale la pena mantener esa decisión.

Y digo esto porque yo personalmente creo que si hubiese sabido esto cuando mi primer hijo, habría luchado un poco por mantener la lactancia, y no la habría abandonado tan fácilmente. Y creo que hay muchas mamás que si supieran esto harían un esfuerzo un poco mayor, no renunciarían tan rápido abrumadas por el dolor, la incomodidad, el desconocimiento, la presión externa y la falta de apoyo, y buscarían ayuda.

Así que mi objetivo con esto es ese. No el de señalar, ni el de acusar, ni el de insinuar que la madre que no amamante a su bebé es mala madre.

Sino el despertar consciencia para que podamos tener más conocimiento y poder tomar decisiones más informadas.

Si más mamás supieran esto quizás más bebés serían amamantados. Si más gente supiera esto quizás se apoyaría más a la lactancia materna, y se dejaría de incomodar a las mamás que defienden esta práctica, o a las que tímida y valientemente hacen el intento.

Si eres mamá amantando, o planeas serlo, debes saber esto: no estás sola.

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Actualización: Logré continuar la lactancia con Amélie hasta los 11 meses. 6 meses en casa, el resto de los meses extrayéndome la leche para llevársela a la guardería, y pasando por allá a darle pecho directamente una vez al día. Fue trabajoso, pero valió la pena, y me siento orgullosa 🙂

  • Soledad dice:

    Que terror! Si me pasara todo eso yo tampoco quisiera lactar 🤣
    Tengo dos hijas y mis lactancias han sido exitosas, pero vaya no cabe duda qué hay quien si le va re mal 😔

    • Gracias por comprenderlo Soledad! En efecto, con todo lo hermoso que es lactar, a algunas nos cuesta un mundo y se nos hace cuesta arriba. Vale la pena que se entere la gente, porque la verdad a veces nos sentimos muy incomprendidas 🙂
      Un abrazo!

  • CRISTINA dice:

    Hola, acabo de leer tu experiencia y terminé llorando. Tengo 30 años y nació hace 22 días mi primer hijo muy buscado y deseado con mi esposo. A pesar yo quería embarazarme cada vez que lo pongo a amamantar m, que ha sido muy exitoso y sin dolor, siento que no soy yo y que quiero recuperar mi “intimidad personal” como nombraste en una parte, pero amo a mi hijo con todo mi corazón y a pesar que no me agrada del todo amantar lo hago con mucho amor por sé muy bien que es lo mejor para él y que no puede estar mejor que en mis brazos alimentándose. Me sentí muy identificada con tu historia y más aliviada porque me siento culpable de sentirme así de repente. He llorado algunas veces pero tengo el apoyo de mi esposo y un hijo sano que me enorgullece saber que gracias a mí él está creciendo.

    De nuevo te doy las gracias por tu historia!!!!

    • Hola Cristina. Te entiendo muchísimo. Créeme, lo que haces por tu hijo es un regalo hermoso y valiosísimo. El primer mes es demasiado duro. Ya tú lo has superado. Ahora te quedan un par de meses difíciles, y luego las cosas empiezan a evolucionar. Es normal estar tristes y sensibles los primeros meses, así que rodéate de gente que te apoye y busca ayuda en todo lo que necesites, no trates de hacer esto sola. Mucho ánimo, verás que todo va a estar mejor <3

  • Violeh dice:

    Yo fui amamantada y tengo colon irritable conozco obesas y diabeticos que tomaron pecho y mi amiga tomo pecho hssta los 4 años y era una bruta siempre se llevaba materias yo no creo em eso.conozco chicos que toman teta y viven enfermos o son desnutridos no te discuto que es muy buena pero tambien tiene sus desventajas. Yo tuve que darle formula porque mi leche no le llenaba y eso no me lo discute nadie a los 5 meses ya no tenia mas leche y le di leche comum tengo una hija inteligente muy sana cada madre que crie coml quiere sus hijos dejen de imponer cosas! Yo tengo colon irritable y cuando ella tomaba pecho le hacia mal y se empachaba de mi leche asi que no siempre es beneficiosa no dormia por estar pegada al.pecho. lo usaba de chupete me.mordia y ya no tenia mas leche hay madres que por dar pecho no le preparan la comida o la leche me gustaria un mundo donde deje de alabar a la lactancia y se tenga en cuenta otros aspectos no por tomar pecho van a ser mas sanos hay niños que tomam pecho y viven enfermos

    • Hola Violeh, gracias por comentar con tu experiencia! En efecto, siempre van a haber todas las excepciones. Acá no se habla que la leche materna sea una “cura” para las cosas, sino que disminuye los riesgos. Es decir, los riesgos siempre están allí, y lo que buscamos es disminuirlos. Pero siempre hay quien caerá porque en las enfermedades y la salud no hay un único factor que entre en juego sino muchos.
      En promedio, los niños (y luego, adultos) son más sanos cuando toman leche materna. Eso es un hecho científico que, nos guste o no, está allí. Es por eso que no se puede dejar de alabar la leche materna, porque la ciencia ha demostrado (y lo sigue haciendo) que es la mejor opción y que nada puede superarla. Simplemente es una realidad: la leche de órmula nunca jamás podrá igualar los beneficios de la lechge materna.
      Eso no significa que se culpabilice a nadie, ya ves mi propia experiencia. Cada madre debe ser libre de decidir lo que considera mejor para sus hijos, eso sin duda! Y mientars más madres estén informadas de qué es lo mejor para sus hijos, estarán más empoderadas de tomar las mejores decisiones posibles según sus circunstancias 🙂

    • Paola dice:

      Gracias por manifestar con sinceridad tu opinión yo también estoy bastante cansada de estar leyendo por todas partes como si la leche materna fuese el último recurso de la tierra yo particularmente no he dado el pecho lo decidí desde el momento que estaba embarazada sin ningún titubeo tengo por suerte también una hermana muy honesta que me contó sus pro y sus contra, tengo dos sobrinos maravillosos los dos muy sanos pero ciertamente el que tomo pecho se enfermó mucho más que el que tomó solo de fórmula. Mi hermana lo pasó canutas en todos los sentidos con el pecho grietas dolor ardor y agotamiento pleno prefiero yo en mi opinión poder estar mucho más entera para mi pequeño y que las tomas sean repartidas entre su papá y yo porque padres somos dos. Por lo tanto toda mi energía amor y dedicación se la doy a mi pequeño estando entera con un estado anímico estable dedicándome a su cuidado personal aseo nutrición y entrega emocional no como podría estar dando el pecho toda destruida. Pasa que hay todavía mucha presión social y mucha mujer antigua sometida al sufrimiento parece que si no sufren creen que lo están haciendo mal. Mi hijo nació de casi 36 semanas pesando 2970 k hoy tiene tres meses y pesa 6200, está divinamente y no se me ha enfermado nunca doy gracias a Dios y a los cuidados de los padres que tiene de que se conserve sano y rollizo. Hablan mucho de la leche materna y no hablan de que la mujer debe seguirse cuidando en la alimentación que no puede comer ciertas cosas porque les ocasiona flatulencias de que incluso el niño puede tener intolerancia a la lactosa y la mujer no puede ni ingerir un queso. Y eso para las que sean conscientes y aún se cuiden. Luego hay otras que ignoran todo y comen y beben lo que sea y todo eso se lo pasan por la leche materna, una verdadera locura. En fin que cada uno haga lo que quiera pero basta de idealizar que es mejor o peor. Respeten ! Y además este post me parece bastante incrédulo porque una mujer no va a estar escribiendo todo eso y luego incluir artículos que involucran a unos y a otros todo publicidad. Demasiadas fuentes veo yo.

      • Hola Paola. Puedo decirte que el artículo es sincero y que lo que escribo lo comparto porque creo en ello y lo he vivido. También soy profesional y baso mi trabajo en este blog, así que esnormal que haya “publicidad” como lo llamas tú, que no es más sino que mi forma de vivir (como cualquier otro trabajo que podría haber elegido 😉 ).
        En cuanto a la leche materna lo dicho: es muy superior a la fórmula, y eso nadie puede negarlo. Lo cual no significa que la fórmula no sirva. Sirve, solo que la leche materna siempre será la mejor opción. Por supuesto, cada madre es libre de decidir lo que consieder mejor para su situación y toda decisión es respetable, al final lo que cuenta es que lo hagamos con conciencia y con amor, y no bajo presión externa ni con ignorancia. No es cierto tampoco que no se puedan comer cosas durante la lactancia, los la´cteos son perfectamente válidos, no todo pasa a la leche (eso es un gran mito) pero por supuesto que hay que cuidarse. En fin, que tener hijos y luego encargarse de ellos es algo para lo que nos deberían formar muchísimo mejor!
        Un abrazo y gracias por tu comentario 🙂

      • Ignacia dice:

        Paola, con todo respeto, estás llena de prejuicios y mitos. Una pena por tus hijos y los hijos de las mujeres a las que aconsejes.

  • Victoria dice:

    Estimada Maricarmen,
    Con respecto al escrito que viste hace unos días y al cual te identificas ” sólo siendo padres aprendemos a ser hijos” disiento complemente. Entonces los que no somos padres, o no podemos serlo, entonces ¿no sabemos ser hijos? ¿Sólo conocemos el amor de la madre cuando somos madre? Tampoco lo creo. Si fuese así los que no somos padres ni sabriamos cuanto nos quieren, ni tendríamos oportunidad de querer aún sin serlo.

    Enhorabuena por tu bebé y por tus hijos. Espero y deseo que estén saludables
    Un abrazo

    • Hola Victoria, muchas gracias por tu comentario y por los buenos deseos! 🙂
      Entiendo tu posición y créeme que yo habría pensado lo mismo antes de ser mamá. Lo que pasa es que cuando tienes hijos sientes cosas que de otra manera nunca habrías sentido. La vida te cambia de una forma que no es previsible y que es imposible explicar, sólo las personas que tienen hijos lo pueden saber realmente, y yo creo que es de ahí de donde se inspira la persona que escribió aquel texto del que hablo. Estoy segura que da igual si son hijos de sangre o adoptados, es simplemente algo que sólo se puede entender cuando vives esa situación. Si algún día tú lo experimentas, sabrás a lo que me refiero 🙂
      Un abrazo fuerte!

  • Daniela dice:

    Hola Maricarmen en verdad tu artículo me atrajo muchísimo porque justamente en estos días q tanto se habla de la lactancia materna todo lo que publican es color de rosa y bueno soy mama primeriza mi bb apenad cumplió un mes y al igual que tu muchas coas pasan por mi cabeza acerca de la lactancia, ya no tengo tiempo para mi, mis primeros días casi lloraba de igual forma x el dolor, estuve a punto de desistir. Yo vivo en México y aquí hay muchos grupos de apoyo que dicen que la lactancia no debería ser dolorosa pero si lo es en ocasiones y como bien dices como te curas un pezon si tienes q dar de comer, pero en fin. Me gusto mucho tu escrito y gracias por compartirlo.

  • Alessandra dice:

    Muchísimas gracias Mari Carmen por compartir tu experiencia!!!
    Yo también tengo un Leo 😉 con 7 mesitos recién cumplidos y estoy tremendamente feliz por haber conseguido darle el pecho!!! He pasado un mal rato al principio por ignorancia en el tema. Siempre ha sido mi intención amamantar o al menos intentarlo. Sin embargo, si no hubiera sido por el libro del Dr. Carlos González y por ser muy cabezota, seguro que hubiera desistido al cabo de las primeras semanas.
    Afortunadamente lo hemos logrado con éxito y estoy muy orgullosa de poder dar este regalo a mi bien más precioso! 🙂 Concordo que es un poco sacrificado, pero todos los beneficios que mencionaste lo relativizan todo, hasta el punto de que para mi es la más grande satisfacción de mi vida! Seguiré amamantando hasta que los dos queramos… 🙂
    Un abrazo fuerte y muchas felicidades para toda tu preciosa familia!

    • Qué lindo Alessandra!! Es verdad que fui un poco cruda con mi post al decir que no me gusta, pero tampoco es que me desagrada ni mucho menos, simplemente a veces me gustaría tener la facilidad del tetero. Pero eso que dices, todo es relativo y el beneficio es tal que vale la pena toooodo! Felicidades también para ti y tu bebé, y que se disfruten mucho los dos! 😀

  • Solange dice:

    Maricarmen, muy lindo tu Post. Muy sensible y cándido. Yo también tengo 3 nenes. Y también me fue difícil la lactancia. Con el tercero me esforcé mucho más, sobre todo adquiriendo conocimiento antes de dar a luz. Me fue bien difícil, tuve muchos obstáculos, uno de ellos perder a mi hermanito de 21 años a quien quería como.mi propio.hijo, y al igual que tu tuve que despedirme de el por teléfono, pues no tuve la posibilidad de llegar a mi país a tiempo. Solo quienes hemos pasado por eso sabemos lo terrible que es despedir a un ser querido sin darle un abrazo ni agarrarle su mano.
    En fin, derrame muchas lágrimas en ese proceso de lactar que uno ama y odia al mismo tiempo. Gracias a Dios, y a mi esfuerzo y al apoyo de mi esposo e hijos logre amamantar a mi pequeño hasta que yo misma (después de meses de debate) decidí quitarle el pecho. Tenía ya 2 años cumplidos (ahora acaba de cumplir 3)
    Yo se que es un sacrificio muy grande y que como dice una señora que conozco que puede ser mi mamá estos tiempos no facilitan que una madre de pecho ni que se quede con sus hijos en casa, cosas que antes eran como más fáciles (desde un punto de vista social)
    Pero al mismo tiempo te digo que como bien sabes y comentas es el mejor regalo que podemos darle a nuestros hijos. Nutricionalmente, inmunologicamente, desde el punto de vista emocional, de seguridad. No hay comparación. Y con esto no quiero decir que si no es con pecho los niños no se crían bien ni uno es mala madre. Para nada. Yo misma estuve lejos de darles una lactancia exclusiva a mis dos primeros bebés, y los quiero exactamente igual que al que le di hasta los 2 años. Pero si pudiera regresar atrás, me esforzaria el triple y trataría de llegar lo más lejos que pudiera.
    Pero como madres y como personas sabemos que llegamos hasta donde podemos y eso varía en cada etapa de nuestra vida. Porque depende de muchos factores.
    Te felicito por haber llegado hasta donde lo has hecho y te estímulo que llegues lo más lejos que sea posible. Eso solo lo sabes tu. Felicidades y un abrazo para ti. Puedes estar segura que del lado de acá hacemos muchas que nos identificamos con lo que has pasado y estuvimos ahí mismo donde estas hoy.

  • Romina dice:

    Gracias por compartir esto con nosotros, me gustó mucho el artículo. Aunque lo leí entero, no soy madre, ni estoy cerca de serlo :p, pero siempre quise formar una familia algún día, y este artículo me pareció muy interesante y útil.

    Yo tengo dos hermanos (que por cierto, mis padres no “decidieron” tener hijos al concebirnos, ya que no fuimos planeados porque la píldora falló todas las veces (!), pero nos amaron -y aman- siempre igual), y cuando nació el más pequeñito (ahora 16 años), yo tenía casi 10 años. De mi hermano mayor y de mí no recuerdo cuánto tiempo me dijo mi madre que nos amamantó, pero al pequeño (Kevin), a quien tuvo mediante cesárea, sólo durante algunas semanas. Dice mi madre que ya no le salía leche y sé que no tenía el conocimiento suficiente sobre la leche materna, no sabía seguramente ni la mitad de lo que cuentas en este artículo (también los tres empezamos a comer papilla y luego sólido antes de lo que recomiendan los médicos), y no fue a buscar ayuda o consejo, así que pasó directamente a la leche de fórmula. Además, la pobre tuvo que volver a trabajar ya al par de semanas de haber nacido el bebé (ahora vivimos en Suiza, pero en ese entonces vivíamos en Argentina, nuestro país natal, esto pasó 3 años antes de venirnos aquí y ya no nos iba bien económicamente, y ella trabajaba en negro). Yo con mis 10 años recién cumplido le hacía de segunda madre a mi hermano, cuando yo venía del colegio iba a buscarle (lo cuidaba una amiga de la familia), le daba el biberón (leche de fórmula), le cambiaba los pañales, le ponía a dormir la siesta, etc… y cuando dormía y estaba tranquilo hacía mis deberes. Lo hice siempre. Bueno, también está mi padre, pero sinceramente… no fue la mejor ayuda (mi otro hermano es un año mayor que yo, pero nunca maduró, así que tampoco xd al día de hoy se pelea con su hermano 11 años menor, increíble). Así que yo ayudaba a mi mamá en todo lo posible. Kevin cuando aprendió a decir “mamá” se lo decía a nuestra mamá y a mí (de hecho hoy en día a veces se equivoca y cuando me llama, me dice “mami!… eh, digo, Romi!”) y al día de hoy yo tenemos una relación muy bonita y especial y siempre seguirá siendo “mi hermano pequeño”.

    Después de leer esto, agradezco a Dios que aunque Kevin haya amamantado unas semanas, él es MUY inteligente, tiene un IQ alto, le va genial en los estudios y seguirá una carrera difícil seguro (cosa difícil de hacer en Suiza, la verdad), y es muy bueno para aprender idiomas (tiene un buen nivel de inglés (C1 probablemente, como yo) y la gran mayoría lo aprendió solo -igual que yo- y también francés, el tiempo que le interesó xD. También estaba aprendiendo chino solito). También es muy delgado (sano), o al menos de momento. Yo también soy inteligente (suena gracioso decirlo uno mismo xd) pero para nada a su nivel, soy más normal, jajaja. Soy su amiga y compañera, sólo yo de su familia le escucho sus “sabidurías” y cosas científicas que tanto le gustan, y me intereso, y debatimos o si no sé algo, acudo a él :). Por la diferencia de edad no tuvo un hermano con quien jugar, pero al menos me tiene a mí ahora para compartir parte de sus intereses.

    Mi mejor amiga (aquí en Suiza) está ahora embarazada, primeriza. Ya le he dado algunos consejos (experiencia como hermana mayor y mamá sustituta :p, y lecturas, y porque además trabajé 1 año en una guardría y aprendí cosillas útiles), pero sin duda le hablaré ahora de la importancia de la lactancia. Lamentablemente no habla español, por lo que no podré pasarle el artículo, pero es lo de menos, además sé que valora mis consejos. Está claro que cuando ella tenga a su bebé ella luego “podrá aconsejarme a mí” porque yo no soy madre y no sé lo que es serlo por más cosas que sepa, pero en lo que pueda, la ayudaré mientras sea necesario. Y este artículo es un ejemplo.

    Mil gracias otra vez Maricarmen por compartir algo tan importante y personal con nosotros, es muy útil. Sorry por semejante comentario, no pensé que se haría tan largo :p. Y muchísima suerte con la lactancia, espero que lo logres, que falta poco, y si no puedes… no te culpes, estás esforzándote hasta tus límites, más que la mayoría de las mamás (por ignorancia o lo que sea), eso seguro. Pero te envío ánimos y fuerzas.

    Un saludo y un abrazo 🙂
    Romi

    • Hola Romi, qué lindo comentario, mil gracias por tomarte el tiempo de contar tu historia (un post largo se merecía un comentario largo, no? 😉 ). Cuando estaba haciendo el cursillo prenatal la matrona dijo que ellas le llaman al calstro “oro líquido”, así de nutritivo e importante es para la salud del bebé. Sin duda tu hermano aprovechó bien ese regalo que le dio tu mamá, y ya lo demás viene en gran parte de la crianza, de lo cual tú eres también responsable. A veces le digo a mi hijo a mi esposo (echando en broma y a la vez en serio) que con cada hijo pasé de mi inteligencia para dárselas a ellos, así que ahora me ha quedado muy poca jajajaja. Tú seguro le pasaste mucha a tu hermano también 😉
      En efecto es difícil prever lo que es ser madre sin serlo, pero ya te llegará el momento de tener tus propios hijos (no sólo hermano/hijo) y estoy segura que serás excelente!
      Un beso 🙂

  • Ana dice:

    Qué bueno que platiques tu experiencia, yo he amamantado a mis tres hijos y me h gustado mucho, justo ahora estoy amantando a mi hija más pequeña (de ocho meses) pienso hacerlo hasta los dos o más años jajaj mucha gente se asombra por eso, pero he visto muchos niños de esa edad tomando vivieron y eso si no creo sea sano. Su es muy cansado y esclavizaste amamantar, pero lo veo como una inversión a largo plazo.

    • Qué maravilla Ana! Yo la verdad no me veo amamntando por tanto tiempo, pero creo que sí lo haré hasta el año que es lo recomendado como base. ES verdad que muchas cosas se ven raras cuando no deberían serlo. Yo personalmente no veo normal amamantar a un niño más allá de los 3 años, y los casos de niños de 7 años que siguen mamando me parecen totalmente inapropiados por muchísimas razones (tanto de la madre como del niño), creo que todo tiene su momento y también tenemos que ayudar a nuestros niños a crecer e independizarse. Pero de esto hay muuuucha tela que cortar. En cualquier caso, felicidades a ti y a mí por hacer el esfuerzo, sí que es una inversión a largo plazo 🙂

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