Mi historia y motivación para adelgazar sin batidos ni productos milagro

Mi historia y motivación para adelgazar sin batidos ni productos milagro

Por Maricarmen Grisolía - PhD, Dietista-Nutricionista y Coach Nutricional Certificada

Ene 15
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Hoy te hablo de dietas, de batidos sustitutivos y de prendas adelgazantes. Te hablo de frustraciones y de logros, en mi lucha contra los kilos de más. Y te cuento lo que funciona y lo que no.

Cada año que empieza nos proponemos hacer las cosas bien. Especialmente luego de este 2020 marcado por la pandemia, los imprevistos, la preocupación... no sé tú, pero yo tengo unas ganas enormes de organizarme y crear un espacio mental y físico más positivo.

Quiero creer que soy capaz de lograr más y, sobre todo, de crear lo que quiero que ocurra en mi vida.

¡Y tengo muchos proyectos! Pero todo empieza por algo que tenía tiempo sin hacer, y es detenerme un momento a reflexionar sobre lo que ha contribuido a que yo esté ahora donde estoy. Desde la Maricarmen impulsiva y arrasadora, pasando por la Maricarmen que grababa videos para el blog con una bebé en su panza y 20kg más pesada, hasta la que hoy escribe esto desde un sillón de la sala, laptop sobre las piernas, café mediante.

Quiero compartir contigo un poco (mucho) más de mi historia de lucha contra los kilos de más y, sobre todo, contra ese sentimiento tan desagradable y desesperanzador que es no estar feliz con su cuerpo.

Si en este momento tú te encuentras como yo hace 10 años, buscando batidos, pastillas, prendas o cualquier solución que funcione para bajar de peso porque ya no soportas más estar como estás, espero que lo que te voy a contar te sirva no solo de ayuda para elegir lo que quieres hacer, sino también de motivación para iniciar el cambio que deseas.

Los kilos del embarazo que no se quisieron ir

Para mí todo empezó hace 25 años.

Un embarazo precoz durante el cual aumenté 20 kilos desechó toda sombra de mi naturalmente delgado y torneado cuerpo de adolescente.

Ahora era una niña-mamá, con un cuerpo lleno de amor por mi bebé… y también lleno de grasa en la cintura, celulitis al extremo y unas cartucheras descomunales. Aunque no estaba obesa (solo tenía unos 8 kilos de más), a los 19 años mi cuerpo era ya el de una mujer que había dado a luz y que estaba insatisfecha con su figura.

Y allí mismo empezó mi lucha para quitarme todas esas “imperfecciones” que yo tanto detestaba.

La dieta de batidos Slim Fast

En esa época mi entonces esposo, nuestro bebé y yo viajábamos mucho para Estados Unidos. Así que me hice fanática de los batidos Slim Fast que, según yo, estaban geniales para perder peso.

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La dieta Slim Fast era sencilla: sustituir la cena (y a veces también el desayuno) por un batido y hacer el resto de las comidas normalmente. Tal cual como los Herbalife, los Bimanan o tantos otros que hay por ahí.

Al inicio me parecía que los batidos eran ricos. Pero, al cabo de un tiempo, ya me empezaba a aburrir el saborcito a vainilla o fresa artificial 🤢 Además, salían carísimos y era una semitortura tomarme solo eso mientras que el resto de la familia comía normal (comida que, la mayor parte de las veces, me tocaba preparar a mí y aguantarme).

Y no. No servían un demonio.

El problema con estos batidos es que están cargados de ingredientes procesados, saborizantes artificiales y fuentes de proteína barata y de mala calidad. Te llenan por un momento, dando la ilusión de que no pasas hambre. Pero no nutren tu cuerpo.

Puede que al principio notes que vas perdiendo algo de peso (normal, ¡estás comiendo menos!), pero eventualmente tu cuerpo comienza a pedir lo que realmente necesita: nutrientes de calidad.

La ansiedad por comer empieza a atacar de nuevo (aunque te atragantes de batidos y no sientas hambre como tal), no tienes energía, no te sientes bien y terminas abandonando.

Recuperas todo el peso y vuelves a comenzar el ciclo 😣

No es saludable. Es demasiado caro. Y no es sostenible en el tiempo.

No. No funciona. Ni Slim Fast, ni Bimanan, ni Herbalife, ni ninguno de esos batidos.

Así que yo seguí en mi búsqueda de soluciones milagro, convencida de que algo mal había en mi cuerpo y que no era capaz de cambiar mi alimentación.

Las máquinas de tonificación y gimnasia pasiva

Lo siguiente que probé fue la gimnasia pasiva, en un sitio en mi ciudad que se llamaba Slim Tables. El lugar ya no existe (desde hace años), pero era una especie de centro estético en el que habían unas "máquinas de tonificación" que trabajaban distintos músculos.

La sesión duraba como media hora, y consistía en hacer un circuito con varias máquinas. Cada una iba para un músculo: que si los abdominales, que si los cuádriceps (los músculos delanteros de los muslos), que si los glúteos, que si los bíceps (los músculos del brazo), etc.

Me da un poco de vergüenza explicar cómo funciona esto, pero la verdad es que es bastante cómico: ¡las máquinas se mueven solas! 😳

Es decir, tú vas, te acuestas en la máquina, el “entrenador” enciende la máquina y esta empieza a moverse… ¡sola! Te mueve a ti mientras se mueve ella.


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Te imaginarás lo efectivo de ese tipo de movimiento, ¿no? ABSOLUTAMENTE NULO.

Bueno, quizás sea útil para un abuelito o abuelita que de verdad no puede hacer ningún tipo de esfuerzo, pero no para una mujer perfectamente sana de veinte años.

¿Perdí peso?

Claro que perdí, pero porque me mandaban a hacer una dieta baja en grasas y baja en calorías en la que podía comerme una cucharada de arroz y media galleta de agua cada día. Te imaginarás...

Y yo feliz pensando que las maquinitas hacían algo y dejándome allí una millonada 😓

Pues no. No funcionaba entonces y no funcionará nunca. Ni las máquinas de gimnasia pasiva ni esas dietas malas bajas en calorías y grasas.

Pero en ese momento yo no lo sabía, y seguí por un par de meses sacando el tiempo y el dinero para ir a “hacer” mis ejercicios y a que me llevaran el seguimiento.

Eventualmente terminé abandonando, con el bolsillo ya bien lastimado y la fuerza de voluntad inexistente para continuar con esa dieta asesina.

Perdí el dinero, el tiempo, el esfuerzo... y gané los kilos (de nuevo).

El gimnasio de toda la vida

Eventualmente terminé inscribiéndome en un gimnasio de verdad, junto con mi hermana y una amiga (sola ni de broma me inscribía).

Pero detestaba las pesas 😫

Igual me mandaban a hacer sopotocientas repeticiones con el peso de una mosca (tú sabes, para “tonificar” sin abultar – totalmente FALSO), así que en realidad no es que fuese difícil, sino que era increíblemente aburrido. De una máquina a la otra, me pasaba la sesión haciendo las benditas repeticiones a la velocidad de un caracol. CERO motivación.

Pero allá, al frente de la sala de musculación, yo veía como la gente se la pasaba genial (¡y sudaba a montones!) dando brincos en la clase de aerobics.

Eso sí que me llamaba la atención. La música al estilo discoteca, la gente moviéndose al mismo ritmo y el instructor que era absurdamente atractivo 😍 (para usar un vocabulario sobrio y profesional – ejem).

Mis sesiones de máquinas muy pronto se volvieron en sesiones de acoso a la clase de aerobics (y al profe). Me pasaba toda la tarde mirando, tratando de aprender los pasos en mi mente.

Pero yo, que siempre fui muy torpe para las cosas motrices, no me atrevía ni muerta a poner un pie en la pista 🙈

A duras penas aprendí a bailar a los 15 años (y eso que soy venezolana, ¡se supone que el baile y el ritmo lo llevamos en la sangre!). Educación Física y Deportes siempre fue mi mayor pesadilla en el colegio. Nunca supe jugar ningún tipo de deporte.

Y en ese momento, mirando al instructor de aerobics y a la gente hacer esas coreografías, me arrepentía profundamente de mi falta de gracia 😔

Hasta que un día mi amiga se dio cuenta de mi obvia obsesión con la clase de aerobics y básicamente me arrastró hasta la pista para hacer la clase.

¿Y qué crees?

En menos de dos semanas pasé de estar de última en el grupo, escondida detrás de todo el mundo para que NADIE me viera (sobre todo que no me viera el profe), a estar de primerita haciendo la clase a su lado, con la gracia de una bailarina de ballet y la coordinación de una de esas competidoras olímpicas de nado sincronizado.

Por lo que parece, mi maldición con el deporte se había esfumado y las semanas y semanas de “observación científica” de la clase de aerobics dieron resultado: me sabía cada paso, cada secuencia, cada movimiento.

Y allí se alumbró la primera chispa de mi pasión por el fitness 💖💪

Pero, ¿funcionó para perder peso?

Sí y no.

Por supuesto, yo no solo me estaba esforzando bastante en cada clase, cada semana, sino que lo disfrutaba un montón (al contrario de las aburridas máquinas con pesas).

Me fui poniendo más en forma, ganando cada vez mejor condición física y sintiéndome cada vez mejor, como la chica joven que era en realidad.

Al cabo de mes y medio mis abdominales se empezaron a mostrar por primera vez, y yo andaba feliz luciendo ropa que no me ponía desde antes del embarazo.

Pero luego ocurrió la vida...

Me divorcié, y mis rutinas cambiaron completamente.

Tuve que conseguir trabajo a la vez que terminaba mi carrera universitaria, organizarme mejor para atender a mi hijo de 4 años, y el gimnasio dejó de ser una prioridad. Ahora tenía cosas más importantes, más urgentes, que atender. Además, tenía menos dinero. Seguir yendo al gimnasio, a ese ritmo, ya no era posible para mí.

Y con el tiempo volví a perder esa energía que había ganado, volví a engordar, mis abdominales desaparecieron debajo de la grasa y comenzó de nuevo la depresión, el disgusto con el reflejo en el espejo, las peleas con la báscula y la lucha contra los kilos.

Dieta tras dieta

Comenzó una larga lista de “dietas rápidas” de esas que sigues por algunas semanas.

Algunas veces a base de aguantar hambre, otras a base de tomar pastillas "quemagrasa" o "aceleradores del metabolismo" (las que yo tomaba se llamaban Hydroxycut) que sí me quitaban un poco el hambre pero me producían unas taquicardias que daban susto.

Perdía el peso, me sentía genial, me duraba un mes, volvía a comer de todo, volvía a engordar, y todo volvía a comenzar.

Y así pasaron años. Que si con la dieta del Special K, que si quitando los carbohidratos, que si comiendo cero grasa. En fin, lo de siempre. Lo de siempre que NO funciona.

Parece que funciona porque da resultados temporales. Pero todo se desvanece cuando dejas de hacerlo. Al final, te quedas sin tus resultados y con los kilos de más.

Una de esas dietas fue la que hice para adelgazar para mi segunda boda:

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Boda de ensueño, en septiembre de 2005

Pero lo dicho: volví a engordar.

Y aunque nunca fui obesa, siempre me molestaron demasiado esos kilos de más. No soportaba los muslos llenos de celulitis y las cartucheras que hacían que NINGÚN pantalón me quedara bien. No soportaba la piel colgando de los brazos al levantarlos, ni las nalgas esparcidas por doquier cuando me sentaba. No soportaba los rollos de la espalda ni el roce de la parte interna de los muslos cuando me ponía un short o una falda.

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Julio de 2007. ¿Ves donde tengo la mano izquierda? Era mi estrategia infaltable en cada foto, para tratar de disimular las cartucheras #fail

No soportaba como me veía y no soportaba mi cuerpo.

Así que seguí buscando “soluciones” a mi problema...

Medidas extremas: mesoterapia e hidroterapia

¿Te gustan las inyecciones? ¿No? A mí tampoco.

Y aun así me torturé por meses dejándome inyectar quién-sabe-qué-cosa en mis zonas más problemáticas: los cauchitos de la parte baja de la espalda, las nalgas y las cartucheras (mi cuerpo tiene forma de pera y engordo de la cintura para abajo).

La mesoterapia consistía en inyectarme algunas gotas de un supuesto “cóctel” de sustancias “naturales” que hacían “diluir” la grasa para que yo la eliminara por la orina o algo así.

La hidroterapia era todavía peor, porque el “cóctel” no era de algunas gotas, sino de varios mililitros. Total que cuando me inyectaban me quedaban bolas de líquido debajo de la piel. Se supone que ese líquido entraba en las células de grasa, las hinchaba tanto que las hacía explotar, y era eso lo que yo iba a terminar eliminando por la orina #NOT

Luego de que me colocaban las inyecciones me hacían de 15 a 20 minutos de masajes con una máquina que emitía ondas infrarrojas (supuestamente) para “estimular” el sistema linfático y que la eliminación de la grasa fuese “más efectiva”.

Y luego, con todo y el dolor horroroso de los pinchazos y de las bolas de agua debajo de mi piel haciendo presión en todas las terminaciones nerviosas subyacentes, tenía que ponerme una faja súper apretada, parecidas a las prendas Liposlim, supuestamente para acelerar todo el proceso.

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Los más loco de todo, ¡es que yo pagaba para que me hicieran esto! 😰

¿Y funcionó?

Bueno, yo estaba tratando de comer un poquitín mejor y hacer algo de ejercicio, pero el grueso del tratamiento era en el centro estético (las inyecciones, los masajes y la faja).

Yo realmente creía que veía diferencias. Me veía la piel más lisa, las cartucheras atenuadas, las piernas más finas. Y quizás perdí algo de volumen, lo cual tiene toda la lógica del mundo si consideramos que me la pasaba apretada y envuelta en las benditas fajas. ¡Hasta un pollo quedaría más delgado si lo envuelves bien apretado!

Pero no es porque perdiera grasa, sino porque la grasa estaba “compactada” y la piel artificialmente alisada. Obviamente, un falso resultado como este no perdura en el tiempo, ¡y el método tampoco era sostenible! Era muchísimo más caro que los batidos y demasiado doloroso (demasiado 😭).

Igual yo aguantaba, pero en algún momento tenía que parar.

Y paré cuando mi esposo y yo decidimos intentar tener un bebé, porque no me garantizaban que las sustancias “naturales” que me inyectaban fuesen seguras en caso de embarazo.

Hoy día la verdad no tengo ni idea de qué era lo que me inyectaban, así que no puedo decir categóricamente que fuese una estafa o no. No sé si las cosas que le ponían a esas mezclas tuviesen algún efecto real sobre las células de grasa o sobre el metabolismo.

Pero luego de todo lo que he estudiado y aprendido en estos años, sé que, de tener algún efecto real (es dudoso) sería minúsculo e imperceptible. Definitivamente no un efecto que produzca una pérdida de centímetros o de kilos visible.

Además, ahora soy consciente del peligro que corrí al dejarme inyectar quién sabe qué cosa (hay gente a la que le han pasado cosas horribles por eso).

Solución realmente extrema: la cirugía estética (liposucción)

Si la mesoterapia y la hidroterapia eran al momento lo más extremo que yo había probado, aún faltaba más. Mucho más.

Pasaron varios años y mi esposo y yo no lográbamos quedarnos embarazados.

Y tras varios ciclos de tratamiento hormonal para la fertilidad, yo seguía ganando kilos poco a poco, sin ninguna posibilidad de control.

A esas alturas (y con las hormonas alteradas) ya no había dieta alguna que me funcionara. Además, yo ya no era la niña de 20 años que con dejar de comer una semana perdía peso.

Así que, como el embarazo no llegaba, yo decidí probar lo que parecía ser la verdadera solución definitiva para mis imperfecciones y mis kilos de más: la liposucción.

Me convencí de que yo era la paciente perfecta para ese tipo de operación porque mi grasa era bastante localizada (principalmente en caderas y muslos), así que me puse a ahorrar y eventualmente reuní lo necesario para la intervención (es un tipo de cirugía estética que el seguro no cubría). Mi esposo y mi familia me apoyaron en todo momento, así que finalmente meterme al quirófano no fue tan difícil.

Yo sobre todo estaba contenta e ilusionada pensando en que al fin me iba a quitar de encima esas desgraciadas cartucheras.

Pensé en colocar acá las fotos del proceso, pero, la verdad, me da un poco de pudor porque son muy grotescas. Así que tendrás que conformarte con imaginar cómo puede quedar una persona a la que le han introducido una vara de un metro de largo y un centímetro de diámetro debajo de la piel en distintas partes del cuerpo para extraer varios litros de una mezcla de grasa, linfa y sangre 🙈

La operación debe haber durado unas tres horas. Me sacaron en total unos dos litros de “mezcla” desde muslos, caderas, espalda baja y vientre.

Me dieron de alta al día siguiente, luego de una transfusión por una bajada brusca de glóbulos rojos, y al llegar a la casa tuve que colocarme una faja que era probablemente dos tallas más pequeñas que mi talla habitual. Considerando que en ese momento, por la hinchazón, yo estaba unas dos tallas más grande que mi talla habitual, te imaginarás que ponerme la faja no fue ningún cuento de hadas...

No te voy a echar todo el cuento porque me llevaría un montón contar toda la historia de la liposucción, pero puedo decirte dos cosas:

  1. Apartando el dar a luz, la recuperación de la lipo ha sido la cosa más dolorosa que he vivido jamás (no se puede definir el dolor que produce el que te den masajes cuando tu piel está literalmente despegada de tus músculos).
  2. En efecto, me pude quitar las cartucheras.

Claro, el resultado final no lo vi sino hasta unos 6 meses después, y realmente estaba contenta de ya no tener las piernas tan desproporcionadas. Me sentía un poco más armónica, más estilizada.

Pero con el tiempo volví a engordar (qué sorpresa ¿no?), y aunque nunca recuperé las cartucheras del tamaño que las tuve pre-liposucción, entendí que la genética es algo muy fuerte, que las hormonas no son tan fáciles de controlar y que mi cuerpo es como era ayer y hoy y lo sería siempre.

Yo tengo forma de pera y engordo de las caderas y las piernas, nada nunca cambiará eso.

Cuando toqué fondo

Por un par de años seguí probando alguna que otra dieta fácil de vez en cuando, de esas que no eran muy complicadas, hasta que poco a poco el afán por perder peso dejó de ser importante frente a otras cosas “más serias” que se llevaban toda mi atención.

Seguía pasando el tiempo y yo seguía sin poder quedar embarazada. Cada mes se me rompía un poquito más el corazón cuando la menstruación me anunciaba que habíamos perdido otra oportunidad.

Para huir de la depresión por la ausencia de embarazo, estaba completamente sumergida en mi trabajo como profesora universitaria y llevaba una vida muy ocupada. A duras penas me quedaba tiempo para atender las cosas de la casa, a mi hijo pre-adolescente y a mi esposo (que vivía una vida tan ocupada como la mía). Y ni hablar de atenderme a mí.

No me sentía bien en mi cuerpo, pero adelgazar estaba lejos de ser una prioridad en aquel momento: tenía que terminar mi tesis de doctorado, que se había atrasado debido a lo absorbida que estaba con mi trabajo en la Universidad.

Y fue allí cuando ocurrió algo que le dio un giro a mi vida y a mi futuro...

"Te vas para Francia"

Me dijo un día mi tutor de tesis doctoral, luego de haber recibido confirmación de parte de la investigadora francesa que él había contactado para que fuese mi asesora de fin de tesis.

El viaje a Francia sonaba como algo bien complicado, pero era una oportunidad que no podía rechazar (además de la decisión más lógica si realmente quería terminar mi doctorado).

Llegué a Francia por primera vez el 3 de octubre del 2008. En dos semanas ya había encontrado apartamento y estaba instalada en lo que sería mi nueva vida por al menos el siguiente año.

Yo estaba fascinada con Toulouse, con el hecho de conocer un sitio nuevo, un idioma nuevo, una cultura nueva...

... ¡y con la comida! 🤤

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Todos los días probaba un postre diferente (los más ricos siempre eran los de chocolate), comía pan francés (de verdad) y conocía nuevos sabores e ingredientes. Probaba todos los tipos de queso que habían y el montón de sabores de yogurt, uno más rico que el otro.

Y poco a poco fui engordando otra vez.

Los kilos se fueron sumando, uno tras otro. A un ritmo de un kilo por mes, a los 8 meses de haber llegado ya estaba de nuevo por encima de los 10 kilos de sobrepeso.

Como mi vida acá en ese momento era mucho más simple, pude sacar de nuevo tiempo para mí y me inscribí en un gimnasio. Comencé otra vez a buscar dietas, esta vez con un ojo bastante más crítico y un objetivo entre ceja y ceja:

Adelgazar comiendo alimentos saludables

Sí, mi meta esta vez era perder peso gracias a la comida.

Se me metió en la cabeza que tenía que haber alguna manera de adelgazar sin tener que dejar de comer. Tenían que existir algunos alimentos que ayudaran a perder peso. No suplementos, ni aparatos, ni batidos, sino comida.

Yo estaba dispuesta a comer lo que tuviese que comer para ayudarme a perder esos kilos de más que me molestaban tanto, que me habían molestado por prácticamente toda mi vida adulta.

Así que me puse a investigar 🤓

Y para llevar un registro de las cosas que iba encontrando abrí un blog. Así nació Mi Nueva Dieta. Y esto fue lo primero que escribí en aquel blog, en abril del 2010:

Hoy me desperté y me bañé como cada mañana. Y como cada mañana me vi al espejo y pensé: “qué gorda estoy…”. Escoger la ropa seguía siendo, como desde hacía tiempo, un martirio… ¿qué ponerme para no verme tan gorda?

Realmente considero que mi gordura no es extrema. Muchos (incluyendo mi esposo) dirían que me veo bien, que no estoy gorda, que mi peso es normal. Pero yo no lo siento (ni lo veo) así. Quisiera estar más delgada…

Me cansé de verme gorda en el espejo y de no sentirme a gusto con la ropa que utilizo.

Al principio era un blog privado, solo podía verlo yo. Es que era como mi diario. No tenía ninguna intención de compartirlo, era algo que hacía para mí, al mejor estilo de investigación científica, en donde escribía todos mis hallazgos y experimentos.

Pero eventualmente lo que fui encontrando, y probando, me empezó a sorprender...

Yo estaba descubriendo que sí era posible adelgazar comiendo rico y sin pasar hambre. Estaba aprendiendo nuevas recetas, nuevas “reglas” a aplicar en la cocina. Estaba develando cómo funciona el cuerpo realmente y cuál era la mejor manera de deshacerse de los kilos de más… para siempre.

Era información demasiado valiosa. Información que, si yo hubiese podido tener hace tiempo, me habría ahorrado años de sufrimientos e intentos fallidos.

Así que decidí hacerla pública. Tenía que compartir eso que yo estaba descubriendo, porque sabía que podría ayudar a mucha gente. Gente que, como yo, quisiera perder peso, pero de forma sana, sin pasar hambre, sin suplementos, sin aparatos, sin operaciones y sin falsos milagros.

Así que abrí mi blog al mundo.

Hoy ya hace más de 10 años de aquel inicio en el que decidí dejarme de locuras y aprender a comer mejor, a tener un nuevo estilo de vida. Me convencí de que podría quitarme la grasa de más comiendo más sano, ¡y lo logré!

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De allá para acá he escrito más de 300 artículos, me certifiqué como Coach Nutricional, me gradué como Dietista-Nutricionista y he ayudado a más de 10 mil personas alrededor del mundo a perder peso y estar más saludables transformando su alimentación y su estilo de vida.

Lo que SÍ funciona para perder peso

Entonces ¿qué fue lo que descubrí que permite lograr un cuerpo delgado y saludable, sin pasar hambre, sin contar calorías, sin comer alimentos especiales y sin frustraciones?

Es lo que llamo alimentación saludable inteligente y se basa en:

La ciencia

Privilegiar los alimentos que te nutren y optimizan tu salud, no según dietas o dogmas sino según lo que la evidencia científica muestra acerca del efecto que tienen los alimentos sobre nuestro cuerpo.

La intuición

Aprender a escuchar a tu cuerpo, identificando y respondiendo correctamente a las señales fisiológicas de hambre, satisfacción y saciedad que te envía a cada momento.

La consciencia

Tomar las mejores decisiones tomando en cuenta las circunstancias y alinearlas con lo que deseas, para conseguir placer y tranquilidad en el momento, así como bienestar y felicidad a largo plazo.

No tienes que prohibirte alimentos, así como tampoco "hacer dieta" ni contar calorías.

Eso nunca, nunca, nunca jamás te va a funcionar (no te ha funcionado hasta ahora y no te funcionará luego).

Para poder adelgazar saludablemente y para siempre necesitas olvidarte de “ponerte a dieta”, olvidarte de restringirte por equis cantidad de semanas o meses. Más bien necesitas (imperativamente) transformar tu forma de comer y tu estilo de vida.

Esto es algo que para la mayoría de la gente es difícil de hacer y con lo que se requiere ayuda, porque no nos lo han enseñado, porque tenemos unas malas costumbres y creencias muy arraigadas y porque usualmente no nos queda tiempo y espacio mental para asumir este tipo de aprendizajes por nuestra propia cuenta.

Pero una vez que te das cuenta de que tu salud es lo más importante y entiendes que aquello que hagas para mejorar tu salud se reflejará positivamente en tu báscula y en tu espejo, tendrás la motivación necesaria para hacer los cambios que te traerán esos resultados tan anhelados.

Lo mejor de todo es que no necesitas hacer cambios drásticos, solo unos pocos cambios progresivos, realizados poco a poco, te llevarán hasta tu meta.

La combinación adecuada de ejercicio y alimentación te dará resultados que nunca imaginaste posibles, tanto en cómo te ves como en cómo te sientes. Todo el mundo lo notará y tú estarás más feliz que nunca.

Sí, es posible, incluso para ti. Incluso con tu vida ocupada (tan ocupada como la mía). Incluso con tus antecedentes, incluso con tu condición de salud actual. Incluso a tu edad, e incluso con tus gustos y costumbres tan particulares.

Yo pude hacerlo. Miles de personas han podido hacerlo. Y tú también puedes hacerlo.

Porque todo el mundo puede ser saludable 🙂

Si quieres conocer este enfoque y empezar a darle un vistazo, comienza descargándote mi Manual “El ABC para adelgazar” en esta página.

Y si has llegado al punto en el  que sabes que necesitas una solución definitiva y a largo plazo, que pasa por el  aprendizaje de hábitos saludables no solo  de alimentación sino de vida, entonces agenda aquí una cita para una Reunión de Diagnóstico y te mostraré los detalles de  mi programa de coaching anual, Tu Nuevo Cuerpo.

¿En qué parte de tu proceso te encuentras?

Me encantará saber un poco más sobre tu propia experiencia, así que cuéntamelo en un comentario más abajo y veremos qué cosas tenemos en común.

Y si mi historia te ha inspirado, si crees que otras personas pasan por lo mismo y quieres ayudarles a ver que hay una solución a su problema de sobrepeso, comparte este artículo para que descubran ese nuevo mundo que he querido mostrarte hoy.

Gracias por leer 💖

  • Dídimo Santamaría dice:

    Estimada Maricarmen, su historia contra los kilos me ha dado mucha lástima por todo el sufrimiento que ha tenido que pasar por sentirse gorda. Creo que usted no ha estado tan gorda como usted piensa, me parece que más bien es una obsesión que usted misma es la que se ve gorda. Bueno, gracias a eso a podido lograr el máximo conocimiento en esa materia que le a servido para ayudarse usted y para poder ayudar a otras personas.
    De mi vida le puedo decir que yo he trabajado muy duro desde niño en el campo agrícola y más bien he sido flaco. Vine a la capital a los 21 años y trabajé en una Compañía y mi ocupación fue más fácil y por lo tanto empecé a ganar kilos hasta alcanzar las 170 libras y sufrí de hipertensión y Diabetes tenía 35 años pero mi doctor me recomendó bajar de peso. y dese ese tiempo cambié mis alimentos por comida saludable y he bajado de peso hasta lograr mi antiguo peso que hoy es de 120 libras que mantengo hasta ahora que tengo los 88 años y mantengo bien controlada mi Diabetes y mi presión.
    Por esta razón le pido disculpa por no aceptar su apreciable ayuda y deseándole mucho éxito en su tarea de ayudar a sus clientes me despido de usted y su querido esposo he hijos con todo cariño y respeto un fuete abrazo. Saludos y bendiciones.

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